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El Better-Aging y otras tendencias de belleza

Si no podemos dejar de envejecer, por lo menos hagámoslo bien. Esa es la base de la filosofía Better-Aging que ha venido en sustitución del antiguo concepto Anti-Aging. Y digo antiguo porque, si lo analizamos en profundidad, se nos había quedado un pelín obsoleto. Promovía un imposible de tal calibre como detener los efectos del paso del tiempo. Además de no tener sentido desde el punto de vista médico, intercambiaba promesas imposibles por una buena dosis de frustración garantizada.

Seguro que recordarás cómo eran los anuncios de cosméticos de finales del siglo pasado. ¡Oh, Dios mío! Qué mayor hace sentir lo del cambio de siglo… Bromas a parte, la publicidad de entonces, tanto en televisión como en prensa escrita, mostraba a jovencitas de no más de veinte años probando la eficacia de cremas destinadas a las pieles maduras.

Era literalmente imposible que ninguna mujer de más de cuarenta pudiera sentirse representada en ese modelo de belleza cándida y perfecta. Y aunque la credibilidad de estos anuncios era de menos cero, lanzaban un mensaje subliminal peligrosísimo. De algún modo se nos estaba diciendo que o tenías el aspecto de una post-adolescente o ya no valías ni para interpretarte a ti misma.

No es casual que, por aquellas, también se dieran con relativa frecuencia abducciones entre las estrellas de Hollywood. Aquellos fenómenos paranormales hacían desaparecer a las celebrities más populares al cumplir cierta edad. Las que habían sido “novias de América” pasaban a ser invisibles y la tierra las tragaba como si nunca hubieran estado sobre ella. Tiempo después, empezaron a escucharse voces críticas entre las damnificadas que denunciaban como la industria cinematográfica dejaba de ofrecerles papeles por razón de edad. Cosa que, curiosamente no ocurría entre los hombres.

El concepto de belleza

En ese contexto, la cosmética y también la medicina estética cometieron el error de alimentar la quimera de la eterna juventud. Aquello no solo era un imposible, sino una fuente inagotable de insatisfacción. A eso había que sumarle el efecto adictivo que podía provocar el uso reiterado de procedimientos y tratamientos que prometían el ansiado milagro sin llegar a obrar su magia. Se había perdido por completo el foco. Concentrados en no envejecer olvidamos que lo importante era hacerlo bien.

Afortunadamente, la idea del Anti-Aging se ha ido diluyendo conforme la mujer ha ido conquistando territorios en lo social y lo laboral. Esto ha producido un giro del guión que ha colocado a la mujer (con independencia de su edad) en el centro del relato.

Hemos pasado de intentar alcanzar los ideales impuestos por la sociedad, a modelar un nuevo concepto de belleza que se basa en la salud, la realidad y la diversidad.

La belleza ya no es patrimonio de una determinada edad ni de un determinado canon. La belleza ha pasado a ser la consecuencia de la salud, del bienestar físico y mental y también del empoderamiento femenino que libera de la mirada censuradora y juiciosa. Celebro muchísimo este fenómeno porque realmente creo que no es posible alcanzar la belleza de piel si no es a través de la salud. ¿¡Qué te voy a decir como dermatóloga!?

El poder de las RRSS y el cambio de paradigma

A través de las RRSS se ha producido una eclosión del concepto de diversidad en el sentido más amplio de la palabra. Esto no solo ha permitido amplificar el mensaje de colectivos sin voz, sino que ha enriquecido notablemente nuestra concepción de la belleza. Hemos dejado de encorsetarla e idealizarla. ¡Ahí es poco!

Este cambio de paradigma ha liberado a la mujer, permitiéndole que decida de forma libre y autónoma sobre su cuerpo y su aspecto. Las hay que ya no ocultan sus canas, que no se ponen tacones, que no usan maquillaje… todo ello sin ver amenazada su feminidad. Con esto no quiero decir que los tintes, los tacones o el maquillaje sean malos. Para nada. Yo misma hago uso de dos de estas tres herramientas y tan a gusto que me quedo.

Lo cual no quita que me guste comprobar como nos hemos liberado de las presiones estéticas que la sociedad ha impuesto tradicionalmente a las mujeres.

Lo importante, creo yo, es gozar de la libertad para sentirse y mostrarse segura de una misma.

No paro de ver a mujeres empoderadas que ayudan a empoderarse a otras mujeres. ¿¡Puede haber algo más inspirador y potente que eso!?

El Real Beauty entendido como Dios manda

el tratamiento de Better-AgingEntre las nuevas tendencias hay una que viene pegando muy fuerte que es el Real Body. Entre otras, la reivindican mujeres que, tras la maternidad, han visto transformados sus cuerpos y que no quieren, por ello, tener que dejar de sentirse guapas y fuertes. En mi opinión, es tan válido ese ejercicio de aceptación del cuerpo postparto, como la búsqueda de una recuperación incluso si implica el uso de la cirugía.

Sé que esto va en contra de este movimiento, pero déjame que me explique: Para mí, aquí lo fundamental vuelve a ser sentirse bien con una misma. Lo que me parecería terrible sería que alguna se viera abocada a tener que pasar por quirófano porque le pesara más la opinión ajena que la propia… Pero si la decisión forma parte de un proceso de búsqueda del bienestar personal, madurado y consciente, me parece estupenda cualquier opción. Como mujer, me niego a juzgar ninguna de las dos posturas.

He de decir que la aceptación me parece un buen punto de partida para casi todo. Yo misma invito a mis pacientes a aceptar la piel con la que han nacido y trato de ajustar sus expectativas para que entiendan que, aunque la salud y belleza de la piel siempre pueden mejorar, hay una parte que simplemente debemos asumir.

Permíteme que te ponga un sencillo ejemplo: Yo tengo una piel con tendencia grasa con todo lo que eso implica. Si aspirara a tener la de una nórdica, por muchas cremas y procedimientos que me hiciera, estaría dándome de bruces contra un muro. Asumir eso es tan necesario como aceptar que por mucho que me estire, no voy a crecer veinte centímetros. Puede que ese plus de altura no me viniera mal, pero empeñarme en lograrlo es absurdo y solo puede aportarme frustración. Tener eso claro facilita mucho la relación que una tiene con su propia imagen.

No seré una nórdica de metro ochenta, rubia, con la piel de porcelana… pero soy un vasca morena, con una piel sana y bonita y una tía súper cañera.  

Donde no hay salud, no puede haber belleza 

Ahora bien ¿¡Dónde está el riesgo del exceso de aceptación!? En la inacción ante la patología. Aquí entramos en terreno pantanoso. En mi opinión, las mismas RRSS que tantas puertas nos han abierto, pueden también ser un coladero para discursos incomprensibles y en gran parte, indefendibles.

Últimamente estoy asistiendo a una normalización de la patología cutánea que da miedo. Hay perfiles que literalmente me hacen temblar. Algunos de ellos, por cierto, me los hacen llegar mis propias pacientes que sorprendidas, lo comparten conmigo para que les de mi opinión.

La última cuenta que llamó mi atención en este sentido, fue la de una chica joven (no creo que tuviera más de veinticinco) que exhibía un acné severo como si desfilara con un traje Chanel. En este caso en concreto tuve la sensación de que la protagonista estaba disfrazando de aceptación algo que tiene más que ver con la popularidad. Lo planteo de otro modo ¿¡Sería conocida esta persona si no fuera por lo mucho que expone su problema de piel!? y ¿¡qué ocurriría si se sometiera a tratamiento y lo resolviera!? Sencillo, que dejaría de tener de qué hablar. Es innegable que el entorno es ahora mucho más favorable para su discurso, pero ¿¡hace eso que sea adecuado!?

El acné, como la rosácea, es una enfermedad de la piel. Es decir, una disfunción que no se presta a interpretación. Se fundamenta en una serie de procesos alterados a nivel fisiológicos que dan como resultado la aparición de un determinado tipo de lesiones. Esto es incuestionable.

Sacar a debate si debe o no tratarse, puede ser interesante para pasar la tarde charlando, pero desde mi punto de vista de dermatóloga tiene poca discusión. El acné debe tratarse porque, como te he dicho, es una enfermedad. Otra cosa distinta es vivir obsesionada con ella, recluida por el complejo que el acné puede provocar. Pero de eso a exhibir los granos como si fueran un motivo de orgullo, hay un mundo. 

Si en lugar de acné, estuviéramos hablando de un cáncer (por poner un ejemplo extremo) nadie cuestionaría la necesidad de acudir al especialista y ponerse en tratamiento. Es importante reparar en esta cuestión porque, aunque hay quien considera que las patologías de la piel son una cosa más bien trivial, pueden tener un impacto terrible tanto a nivel estético como psicoemocional.

Hay que tener cuidado con los mensajes que se difunden y amplifican a través de las RRSS.

La responsabilidad de los creadores de contenido

tratamientos de belleza

Yo soy creadora de contenido divulgativo y creo que, como tal, tengo una gran responsabilidad respecto a las personas que me siguen. La visibilidad que nos otorgan las plataformas digitales nos obliga a medir el mensaje que lanzamos al mundo. En este sentido opino que la normalización de la patología no se ajusta para nada al concepto de la belleza real. Más bien se aprovecha, subiéndose a la ola de una tendencia positiva, para rentabilizar un problema de salud.

La belleza real es, tal como yo la entiendo, un grito a la naturalidad. Y ¡Ojo! porque aquí traigo el segundo titular controvertido de este post. Para mí, la naturalidad es compatible con el uso de procedimientos médicos, siempre que estos persigan un resultado igualmente natural. Y dirás… ¿¡Qué entiendes tú por natural!? Todo aquello que resulte equilibrado, elegante y sutil.

Puede que, si estás pensando en las Kardashian, creas que me he vuelto loca, pero no.

No, no estoy defendiendo el “ponme tanto de todo que deje de reconocerme”. Nada más lejos de la realidad. Estoy defendiendo el “ayúdame a verme mejor sin renunciar a ser yo”. Y francamente, me parece una misión maravillosa. No sabes lo feliz que me hace ver a mis pacientes sintiéndose guapas y seguras de sí mismas.

Y es aquí donde volvemos a enlazar con la idea del Better-Aging de la que te hablaba al principio. Envejecer sin renunciar a verse guapa es posible. Para lograrlo la cosmética será una gran aliada a través del uso de principios activos antioxidantes y transformadores. Pero también podemos valernos de procedimientos como la infiltración de toxina botulínica que retrasa la aparición de ciertas arrugas o de inductores de colágeno que ayudan a mejorar y mantener la densidad y firmeza de la piel. Con los tratamientos de luz logramos mitigarar los efectos del fotodaño acumulado, unificamos el tono de la piel y mejoramos su textura… Todos estos tratamientos, bien realizados, quitan años de encima sin quitar nada más.

La elección del profesional, marca la diferencia 

Como dermatóloga que realiza procedimientos estéticos tengo un código ético y una serie de líneas rojas que nunca pisaría con mis pacientes. Nunca pondría toxina botulínica hasta congelar la expresión de alguien, nunca me pasaría con los rellenos dérmicos, nunca transformaría un rostro para que se pareciera a otro, nunca recomendaría un tratamiento no indicado para lucrarme o mantener a alguien enganchada a una determinada técnica, etc.

Debes saber que a pesar de ello e igual que hay gustos para todo, también hay profesionales dispuestos a satisfacer esos gustos. Elegir al que mejor represente el modelo de belleza en el que tú crees, ya es tarea tuya.

Si buscas un resultado natural, adaptado a las necesidades de tu piel, que respete tu esencia y te haga resplandecer sin renunciar a tu identidad, creo que puedo ayudarte. Hablemos de mujer a mujer, sobre la vida, sobre nosotras, sobre la belleza… porque como ves todo está conectado. No hay mayor catalizador de la luz que irradia una mujer, que otra que la comprende en toda su complejidad.  

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