
Este artículo ha sido redactado y avalado por Belén Sánchez, nutricionista experta en microbiota y colaboradora del equipo de Clínica Eguren. La Dra. Cristina Eguren ha supervisado el contenido para garantizar el máximo rigor científico y la aplicación de protocolos clínicos avanzados para el tratamiento de la rosácea.
Por nuestra experiencia en consulta, sabemos que el acné y la rosácea no son simples problemas cutáneos. Son manifestaciones visibles de un desequilibrio más profundo que implica alteraciones a nivel metabólico, hormonal y digestivo. Hoy sabemos que la microbiota intestinal, cutánea e incluso, la del cuero cabelludo; desempeñan un papel crucial en la regulación del sebo, la inflamación y la sensibilidad cutánea.
A continuación, abordaremos en profundidad cómo las alteraciones de la microbiota pueden desencadenar o agravar brotes tanto de acné como de rosácea y por qué una estrategia integral es imprescindible para mejorar la piel desde la raíz.
Qué es la microbiota y por qué es clave en dermatología moderna
La microbiota es el conjunto de microorganismos que viven en simbiosis con nuestro organismo. Incluye protozoos, arqueas, hongos, virus y sobre todo, bacterias que conviven con nosotros en casi todas las superficies y cavidades del cuerpo. Tanto es así que la boca, las vías respiratorias, los órganos reproductivos, la piel y el tubo digestivo están colonizados por un enorme ecosistema de microorganismos con hasta 1000 especies diferentes.
Esta comunidad microbiana se comporta como un órgano metabólico que procesa nutrientes que el ser humano no podría digerir de otro modo y participa en la maduración del sistema inmune y del sistema nervioso central.
La densidad y composición de la microbiota varían según el órgano: intestino, piel y cuero cabelludo albergan comunidades específicas que influencian funciones tan diversas como la digestión, la inmunidad, la producción de sebo o la cicatrización. A nivel cutáneo, es esencial mantener el equilibrio de esa comunidad para que la piel actúe como barrera protectora y se mantenga libre de inflamación.
Microbiota intestinal: el “órgano invisible” que regula la inflamación y el metabolismo
El intestino es hogar de trillones de bacterias y levaduras. Entre ellas, predominan especies beneficiosas y otras menos favorables como Clostridium o el famoso Helicobacter pylori. Cuando la microbiota está en equilibrio, estos microorganismos colaboran con el sistema digestivo e inmunitario para metabolizar nutrientes y controlar la inflamación. Las fibras prebióticas y los probióticos favorecen ese equilibrio y se ha demostrado que de forma indirecta mejoran el estado de la piel al aumentar las bacterias beneficiosas.
La interacción bidireccional que existe entre el intestino y la piel se denomina eje intestino-piel. A través del sistema inmunitario, del metabolismo y del sistema nervioso, la microbiota intestinal influye en la homeostasis cutánea.
Gracias a estudios recientes, sabemos, por ejemplo, que la composición de la microbiota intestinal varía significativamente entre pacientes con rosácea y personas sanas. Del mismo modo, se ha podido demostrar que la prevalencia de trastornos gastrointestinales como el sobrecrecimiento bacteriano intestinal (SIBO), el síndrome del intestino irritable o las enfermedades inflamatorias intestinales es muy superior en personas que también presentan rosácea. Y ¿¡cómo se refleja este desequilibrio intestinal en la piel!? A través de mayor inflamación o vasorreactividad.
La alimentación tiene un impacto directo sobre el ecosistema intestinal siendo las dietas occidentales ricas en azúcares de alto índice glucémico y grasas saturadas las que más estimulan la producción de sebo y favorece la inflamación cutánea. Además, reducen la diversidad de la microbiota y aumentan la permeabilidad intestinal, favoreciendo que las toxinas lleguen a la sangre y disparen respuestas inflamatorias.
Microbiota cutánea: el ecosistema protector de la piel
Como hemos dicho, la superficie cutánea alberga millones de microorganismos (bacterias, hongos y virus) que, lejos de ser enemigos, mantienen el manto ácido y secretan moléculas que protegen frente a patógenos.
Cuando el equilibrio se rompe, especies oportunistas proliferan. Por ejemplo, en la rosácea, los ácaros Demodex folliculorum y ciertas cepas de Staphylococcus epidermidis pueden multiplicarse, causando inflamación, enrojecimiento, disconfort y aspereza al tacto. La temperatura ambiental y la exposición solar pueden favorecer esta sobreproliferación. Por otro lado, Cutibacterium acnes contribuye a la salud de la piel cuando está en equilibrio; sin embargo, su sobrecrecimiento o la presencia de cepas inflamatorias se asocia a la formación de comedones y nódulos del acné.
Disbiosis: cuando el equilibrio se rompe y empiezan los problemas

Hablamos de disbiosis cuando se altera la composición de la microbiota en el intestino, la piel o el cuero cabelludo produciendo consecuencias sistémicas. Esto puede darse básicamente por tres motivos: pérdida de diversidad, sobrecrecimiento de bacterias patógenas y disminución de especies beneficiosas.
Cuando se produce una disbiosis a nivel intestinal, la barrera intestinal pierde integridad y permite que toxinas y fragmentos bacterianos atraviesen la mucosa. El organismo responde produciendo sustancias proinflamatorias que viajan por el torrente sanguíneo y pueden activar vías inflamatorias en la piel.
El impacto de la disbiosis en acné y rosácea
En el acné, se ha observado que los pacientes presentan una diversidad microbiana intestinal reducida y un aumento en la proporción de Bacteroidetes frente a Firmicutes. En concreto, se encuentran disminuidas las bacterias del orden Clostridiales, Lachnospiraceae y Ruminococcaceae.
Esta alteración se asocia a un aumento de la producción de sebo inducida por la dieta, lo que favorece la obstrucción de los folículos y la colonización por Cutibacterium acnes. La corrección de estos desequilibrios mediante probióticos o cambios dietéticos ha mostrado mejorar la severidad del acné.
En la rosácea, la correlación entre la disbiosis y la gravedad del brote es aún más relevante. Una revisión sistemática concluye que los pacientes con rosácea presentan mayor prevalencia de trastornos gastrointestinales como SIBO, síndrome del intestino irritable o enfermedad inflamatoria intestinal.
Está en estudio el vínculo entre la patología y el Helicobacter Pylori, una bacteria que coloniza el estómago y produce sustancias que pueden alterar la vasodilatación y provocar episodios de rubor. Se ha observado cómo tras erradicación de Helicobacter Pylori o tratamiento de SIBO, la mejora de los síntomas de rosácea significativamente.
Cómo afecta la microbiota al acné

En el acné, además de factores hormonales y genéticos, la microbiota desempeña un papel central en tres aspectos: producción de sebo, inflamación de las lesiones y alteraciones de la barrera cutánea.
Aumento de sebo
El exceso de sebo es una característica clave del acné. La resistencia a la insulina y los niveles elevados de IGF-1 asociados a ciertas dietas estimulan la producción excesiva de las glándulas sebáceas. La disbiosis intestinal contribuye a este fenómeno al promover un estado inflamatorio que altera las señales metabólicas en el hígado y el tejido adiposo.
Por su parte, en la piel, la colonización por ciertas cepas altera la composición lipídica y favorece la obstrucción de los poros, dando como resultado la formación de lesiones retencionales (comedones cerrados y abiertos, granos, nódulos y pústulas).
Inflamación de las lesiones
Cómo hemos comentado, una microbiota desequilibrada aumenta la permeabilidad intestinal y permite que toxinas y fragmentos bacterianos lleguen al torrente sanguíneo. Esto activa el sistema inmunitario cutáneo, provocando la liberación de sustancias que inflaman el folículo. Así mismo, la sobreproliferación de Cutibacterium acnes y la presencia de cepas virulentas contribuyen a que se desencadene una respuesta inflamatoria exagerada que puede dar como resultado la aparición de pápulas y pústulas más grandes y dolorosas.
Cómo afecta la microbiota a la rosácea
La rosácea se caracteriza por enrojecimiento difuso en la zona centro facial, sensación de ardor, pápulas y, en casos avanzados, engrosamiento de la piel o afectación ocular. Aunque tradicionalmente se consideraba una enfermedad exclusivamente inflamatoria y vascular, hoy se reconoce la importancia de la microbiota cutánea y digestiva. Ésta afecta influye sobre todo en los siguientes aspectos:
Sensibilidad, ardor y piel reactiva
En la rosácea, la densidad de los ácaros Demodex puede multiplicarse desencadenando una reacción en cadena que culmina con la generación de péptidos proinflamatorios y vasodilatadores. También se han identificado como ciertas cepas de Staphylococcus epidermidis son capaces exacerbar la inflamación.
Los pacientes describen sensación de ardor, escozor y piel hiperreactiva al frío, calor, viento o cosméticos. La barrera epidérmica alterada y la pérdida de agua transepidérmica se explican en parte por esta disbiosis.
Vasorreactividad e inflamación crónica
El enrojecimiento persistente y los episodios de rubor están vinculados a una hiperreactividad de los vasos sanguíneos. Como hemos comentado anteriormente, la presencia de Helicobacter. pylori en el estómago y sus secreciones pueden inducir la liberación de óxido nítrico y otras sustancias vasodilatadoras.
La disbiosis intestinal y el SIBO generan un flujo constante de mediadores inflamatorios que complican los episodios de rubor. Este fenómeno explica por qué las personas con rosácea no solo se enrojecen con el calor, alcohol o comidas picantes, sino también tras episodios de estrés o fatiga digestiva.
Cambios microbianos y empeoramiento del enrojecimiento
Las investigaciones demuestran que la microbiota intestinal de los pacientes con rosácea presenta menor diversidad y mayor predominio de Bacteroidetes. Esto se acompaña de mayor frecuencia de SIBO, síndrome de intestino irritable y enfermedades inflamatorias intestinales. A nivel cutáneo, la sobreproliferación de Demodex folliculorum y algunas cepas de Staphylococcus epidermidis se correlaciona con lesiones inflamatorias. La alteración del microbioma también puede inhibir la producción de péptidos antiinflamatorios, permitiendo que pequeñas dosis de luz o calor provoquen una respuesta exagerada.
Microbiota y cuero cabelludo: la extensión natural del problema

A menudo se olvida que el cuero cabelludo comparte glándulas sebáceas con la piel facial y puede sufrir problemas similares. Su microbiota está compuesta mayoritariamente por el hongo Malassezia y bacterias como Staphylococcus capitis, Staphylococcus epidermidis y Cutibacterium acnés.
El microambiente del cuero cabelludo (nivel de oxígeno, sebo, humedad, pH y densidad de folículos…) determina qué microorganismos predominan. Cuando el equilibrio es adecuado, estas bacterias metabolizan el sebo y producen sustancias que modulan la inflamación.
Sin embargo, los mismos factores que alteran la microbiota intestinal y cutánea pueden desajustar el cuero cabelludo. El aumento de Malassezia junto con la oxidación de ciertos componentes del sebo se ha asociado a la aparición de caspa y dermatitis seborreica.
Un estudio reciente observó que las personas con caída capilar presentaban un aumento de sensibilidad y picor, asociados a un cambio en la proporción de bacterias (aumento de Staphylococcus capitis y disminución de Cutibacterium acnes). Así la disbiosis no solo puede incrementar la producción de sebo y la inflamación del folículo piloso, sino también provocar sensibilidad del cuero cabelludo, sensación de picor e incluso, caída reactiva del cabello por estrés inflamatorio.
Sebo, inflamación y picor
El sebo del cuero cabelludo sirve de alimento a Malassezia, que lo metaboliza en ácidos grasos irritantes. Estos lípidos alteran la barrera cutánea, provocan descamación y activan receptores nerviosos que desencadenan picor. Por tanto, la regulación del sebo no depende solo de champús sino también de corregir los desequilibrios intestinales y cutáneos que lo originan.
Caída temporal por estrés inflamatorio
Los mediadores inflamatorios pueden inducir una fase de efluvio telógeno, caracterizada por la caída difusa del cabello. Esto es reversible, pero debe ser tratado, puesto que el estrés inflamatorio sistémico, junto con la disbiosis intestinal y la falta de ciertos micronutrientes, altera el ciclo folicular y reduce la fase anágena. Por ello, en pacientes con rosácea o acné graves acompañados de síntomas digestivos o capilares se recomienda una evaluación integral para descartar posibles deficiencias y disbiosis.
El eje intestino–piel–pelo: una visión integral del acné–rosácea
La relación entre microbiota, hormonas y metabolismo es compleja pero podemos resumirla en tres grandes ejes:
Inflamación sistémica de bajo grado
La disbiosis intestinal conduce a un estado de inflamación sistémica de bajo grado que se refleja en la piel y el cabello. Como hemos visto, la activación de las vías inflamatorias en las glándulas sebáceas y los folículos pilosos, incrementan el sebo y la reactividad vascular.
Resistencia a la insulina y disbiosis
Dietas ricas en azúcares simples aumentan los niveles de insulina e IGF-1, lo cual sobre estimula las glándulas sebáceas. Dicha producción aumentada de insulina por parte del páncreas, sumada a la disbiosis, agrava el acné y favorece las rojeces de la rosácea. Por tanto, mejorar la microbiota mediante la toma de prebióticos, probióticos e implementando cambios dietéticos es una estrategia eficaz para corregir esa resistencia.
Marcadores clínicos que analizamos en consulta
En Clínica Eguren evaluamos de manera integral tanto la piel como la salud digestiva y metabólica. Esta visión 360° nos permite personalizar el tratamiento y abordar no solo el brote, sino su raíz.
Abordaje integral Eguren del acné–rosácea con enfoque en microbiota
En Clínica Eguren desarrollamos el Método E.G.U.R.E.N.® para tratar el acné y la rosácea desde sus raíces. Este método contempla:
- Evaluación integral: estudiamos al paciente en su totalidad, analizando factores digestivos, hormonales, inmunológicos y emocionales.
- Gestión terapéutica: diseñamos un plan a medida que combina cosmética médica, fármacos, procedimientos dermatológicos avanzados y moduladores de la microbiota (prebióticos, probióticos, dieta mediterránea, suplementación).
- Ultrapersonalización: adaptamos los protocolos a la situación de cada paciente (embarazo, enfermedad metabólica, preferencias de consulta online o presencial) y al tipo de acné o rosácea.
- Regeneración: buscamos activar los procesos de reparación cutánea y restaurar la barrera, empleando técnicas de regeneración de colágeno y moduladores de la inflamación.
- Equilibrio: trabajamos para reequilibrar los sistemas hormonal, inmunitario y neuropsicológico a través de hábitos de vida, ejercicio moderado, recomendaciones para el manejo del estrés y el buen descanso.
- Nutrición y microbiota: ayudamos a regular la microbiota a través de una alimentación antiinflamatoria rica en fibra, baja en azúcares simples y grasas saturadas, junto con suplementos prebióticos y probióticos individualizados.
Además, en Clínica Eguren contamos con Belén Sánchez, nutricionista especializada en microbiota y suplementación. Entendemos que la alimentación es una herramienta terapéutica de primer orden y que cada paciente tiene necesidades distintas. Por ello, nuestra nutricionista evalúa tus hábitos, tus síntomas digestivos y tus preferencias para diseñar planes de alimentación personalizados complementados con una correcta suplementación que favorezcan el equilibrio microbiano y complementen los tratamientos dermatológicos. Esta colaboración multidisciplinar nos permite abordar cada caso desde una perspectiva más amplia y lograr resultados más duraderos.
La clave es entender que no existe un único tratamiento milagro para el acné o la rosácea; es necesario combinar estrategias que actúen sobre el exceso de sebo, la inflamación, la barrera cutánea, el metabolismo y la microbiota. Sólo así logramos resultados duraderos.
Señales de que la microbiota puede estar alterada
Identificar los signos de disbiosis ayuda a consultar a tiempo. Algunas señales de alerta son:
- Digestivas: hinchazón recurrente, gases, digestiones lentas, reflujo, estreñimiento alternado con diarrea, intolerancias alimentarias nuevas, mal aliento o náuseas.
- Cutáneas: brotes de acné y rosácea persistentes pese a tratamientos tópicos y/o farmacológicos, piel especialmente deshidratada pese a ser grasa, enrojecimiento crónico, sensación de ardor, reacciones cutáneas o agravamiento de ciertos síntomas tras comidas copiosas, consumo de alcohol o ingesta de ciertos alimentos.
- Capilares: picor a nivel del cuero cabelludo, descamación o caspa recurrente, sensación de quemazón al aplicar productos, caída de cabello difusa tras periodos de estrés o enfermedades digestivas.
Cuándo acudir a una consulta dermatológica especializada
Si tienes brotes recurrentes de acné o rosácea que no responden a tratamientos tópicos y/o farmacológicos, o si notas que tu piel está cada vez más sensible y reactiva, es momento de buscar asesoramiento experto. Otros motivos de consulta incluyen:
En nuestras consultas especializadas en el tratamiento de acné y rosácea, en nuestra unidad clínica de pelo, contamos con un equipo experto que, a través del Método E.G.U.R.E.N.®, harán que recuperes una piel y un cabello sanos y bonitos.
Preguntas frecuentes
¿Cómo influye la microbiota intestinal en el acné?
El intestino alberga trillones de bacterias que regulan el metabolismo, la inmunidad y la producción de sebo. Una dieta hiperinsulínica sumada a la disbiosis reducen la diversidad de la microbiota y aumentan la permeabilidad intestinal, liberando lipopolisacáridos y otras toxinas. Estas sustancias llegan a la sangre y estimulan las glándulas sebáceas e inflaman el folículo piloso. Restaurar el estado de la microbiota mediante el uso de probióticos, prebióticos y una dieta equilibrada ayuda a disminuir la inflamación y el exceso de grasa.
¿La disbiosis puede empeorar la rosácea?
Sí. Múltiples estudios han observado una mayor incidencia de SIBO, síndrome del intestino irritable y sobrepoblación de Helicobacter pylori en pacientes con rosácea. La alteración de la vasodilatación pueden desencadenar episodios de rubor. Por ello, la erradicación de SIBO o Helicobacter pylori mejora los síntomas en muchos pacientes.
¿Qué síntomas indican que mi microbiota está alterada?
Signos digestivos como hinchazón, gases, estreñimiento, diarrea, acidez o intolerancias alimentarias nuevas pueden indicar disbiosis. A nivel cutáneo, se manifiesta con brotes persistentes de acné, piel muy deshidratada y grasa, enrojecimiento crónico, sensación de ardor o acné y/o rosácea persistente. En el cuero cabelludo, el picor, la descamación y la caída reactiva del cabello también son indicios de que la microbiota no está en equilibrio.
¿La microbiota del cuero cabelludo puede causar picor o sensibilidad?
Sí. Un desequilibrio en la microbiota puede producir lípidos irritantes y toxinas que alteran la barrera del cuero cabelludo. Esto provoca inflamación, picor y sensación de quemazón.
¿Mejorar la microbiota mejora el acné o la rosácea?
Cada vez más evidencias sugieren que tratar la microbiota mejora las enfermedades inflamatorias cutáneas. Las intervenciones con probióticos, prebióticos, alimentos fermentados o incluso trasplante fecal han mostrado reducir el número de lesiones y la inflamación en acné, psoriasis y dermatitis. Controlar sobrecrecimientos bacterianos como SIBO y tratar la infección por Helicobacter pylori mejora la rosácea en numerosos pacientes. Eso sí, siempre debe hacerse bajo supervisión médica.
¿Qué relación hay entre microbiota y piel sensible?
La microbiota cutánea produce ácidos grasos y péptidos antimicrobianos que mantienen la barrera intacta y el pH ácido. Cuando se reduce la diversidad de especies beneficiosas o proliferan organismos patógenos, el manto ácido se debilita, aumenta la pérdida de agua y la piel se vuelve más reactiva e intolerante. Además, la disbiosis intestinal contribuye a la liberación de mediadores inflamatorios que sensibilizan los nervios cutáneos. Por eso, la piel sensible suele acompañarse de trastornos digestivos.
¿Cómo se evalúa la microbiota en un problema de acné o rosácea?
El nutricionista realiza una historia clínica exhaustiva que incluye síntomas digestivos, hábitos dietéticos, uso de antibióticos y antecedentes familiares. Según el caso, puede solicitar tests de aliento para detectar SIBO o Helicobacter pylori, un análisis de microbiota intestinal mediante secuenciación de ADN, pruebas de alergias alimentarias o de intolerancias y cultivos cutáneos o del cuero cabelludo.
Conclusión: cuidar la microbiota para transformar tu piel
El acné y la rosácea son la manifestación externa de un desequilibrio interno. La ciencia ha demostrado que la microbiota intestinal, cutánea y del cuero cabelludo desempeña un papel esencial en la producción de sebo, la inflamación y la sensibilidad.
Una disbiosis puede causar brotes persistentes, reacciones exageradas al calor, picor o ardor, e incluso caída del cabello. Corregir ese desequilibrio mediante una dieta antiinflamatoria, prebióticos, probióticos, cosmética personalizada y procedimientos dermatológicos avanzados permite abordar la enfermedad desde la raíz.
En Clínica Eguren vamos un paso por delante, combinando nuestra amplia experiencia médica en el tratamiento del acné y la rosácea con los últimos descubrimientos en microbiota para diseñar tratamientos integrales y personalizados.

Si crees que tus problemas de piel están relacionados con tu salud digestiva, no dudes en consultarnos. Nuestro equipo analizarán tu caso, evaluarán tu microbiota y te guiarán en el camino hacia una piel sana y equilibrada.