rosácea extrema

Rosácea, el estigma de la piel sin solución

La rosácea puede y debe tratarse. Así, sin preliminares. Decidimos empezar este artículo con la frase que bien podría ponerle punto y final. Y es que esta es la idea más importante que puedes extraer de entre todas estas líneas. 

Si bien es cierto que la frasecita de marras puede tener tintes de campaña política al más puro estilo “yes, we can”, debes saber que son precisamente esas seis palabras encadenadas la base de toda la controversia y la confusión que gira en torno a la rosácea.

Por raro que te parezca, sobre la rosácea no hay un consenso claro entre dermatólogos. Existen básicamente dos tendencias de las que depende obviamente, la forma de abordaje. La concepción tradicional de la rosácea, defiende que se trata de una “patología crónica”. Esto supone una especie de sentencia condenatoria con la que nosotras no estamos para nada de acuerdo. Si aceptamos esa idea de cronicidad, para qué seguir leyendo… Desde nuestro punto de vista, el objetivo del tratamiento de la rosácea es precisamente evitar que la enfermedad se cronifique. Más allá de las opiniones, está la experiencia clínica. Esta nos dice que el control de la rosácea es posible y que debemos aspirar a él. Veamos el por qué.

El círculo vicioso de la rosácea

Cuando no logramos hallar la respuesta que buscamos, puede que debamos plantearnos que estamos partiendo de un axioma erróneo. Desmontar las viejas ideas sobre la rosácea, nos va a exigir aplicar un razonamiento deductivo y abrir mucho la mente.

Hablamos de círculo vicioso porque en la rosácea, la relación entre causa y efecto genera un bucle del que es difícil salir. Llega un momento en que dejamos de ver dónde empieza y termina cada cosa. Por este motivo, tradicionalmente se ha definido como una patología crónica e incurable.

Lo primero que hay que hacer es diferenciar las causas de los síntomas. Nos referimos a localizar el origen del problema. Pero claro, esto tampoco resulta sencillo. ¿Por qué? Te preguntarás. Porque en medicina, las cosas rara vez son el resultado de dos más dos. Lo que sí sabemos es que entre la rosácea y el acné existe una especie de hilo que conecta ambas patologías. A decir verdad, pueden considerarse extremos de un mismo espectro. A un lado está el acné, del que derivan muchos casos de rosácea, y al otro nuestra amiga R la invitada indeseable.

Es posible que te haya sorprendido la idea de que el acné esté en la base de bastantes casos de rosácea. Muchas mujeres que padecen rosácea, anteriormente tuvieron un acné que progresivamente pudo evolucionar hacia una rosácea. Se dan casos puros, de una u otra patología, pero también existen los casos mixtos. Todos ellos se mueven dentro de la misma línea imaginaria por lo que comparten parte de las causas y también de los síntomas.

foto caso extremo de rosácea
Caso extremo de Rosácea

Los argumentos que sostienen nuestra teoría:

Lo que sí está claro es que en la rosácea no hay un componente hormonal predominante

En ese espectro del que hablamos, el componente hormonal está mucho más presente en el acné que en la rosácea, por lo que la grasa en ambas patologías es distinta. En la rosácea el problema de la secreción excesiva de sebo, se complica por la naturaleza de este. La grasa es fluida e irritante. Esto hace que, a diferencia del acné, no se produzca tanta obstrucción del poro y por lo tanto, sean menos comunes las lesiones retencionales.

La capacidad de irritación de este tipo de sebo, favorece dos cosas fundamentalmente:

  1. El sobrecrecimiento del ácaro demodex. Este es un habitante de nuestra piel al que le encanta alimentarse de nuestra odiada grasa. Tras haberse puesto las botas, prolifera en el interior de nuestros folículos sebo pilosos, que es donde se aloja. Al desplazarse con la ayuda de sus cuatro pares de patas con garras, erosionan la superficie cutánea, lo cual acrecienta la sensación de irritación tan típica de la rosácea.
  2. La alteración de la función barrera. El exceso de grasa desestabiliza el equilibrio de nuestra piel, haciéndola disfuncional. De pronto deja de ser capaz de retener el agua que precisa para mantenerse hidratada. Esto lleva de la mano, la deshidratación de la piel.

El caldo de cultivo perfecto para la rosácea

Hemos dicho que la rosácea tiene su origen en la producción excesiva de un tipo de sebo particular (sensación de irritación). Esto desencadena la proliferación del demodex ( mayor sensación de disconfort) y la deshidratación ( sensación de sequedad y tirantez).

Esa deshidratación es la base de toda la confusión. Las mujeres con rosácea suelen creer que su piel es seca, por lo que recurren equivocadamente a la cosmética que creen puede revertir esa sequedad. Lo que no saben es que esa deshidratación la causa la grasa y que la solución pasa por controlar esa sobreproducción de origen. La piel con rosácea no debe ser tratada como una piel seca, sino como una piel alterada. Por lo tanto, el objetivo número uno, tras haber controlado los niveles de producción de la glándula sebácea, es restaurar la función barrera. Y no nos podemos olvidar de la necesidad de controlar la demanda vascular que también suele ser más elevada de lo normal.

El resto de síntomas: el eritema generalizado, las lesiones inflamatorias en forma de granos rojos, la sensación de disconfort, la tirantez, los episodios de flushing… Todo deriva de la alteración de la función sebácea.

El tratamiento efectivo para la rosácea existe

El tratamiento efectivo pasa obviamente por 5 puntos:

  • Controlar la producción de grasa
  • Controlar el sobrecrecimiento del demodex en caso de se haya disparado
  • Disminuir la inflamación
  • Restaurar la función barrera de la piel
  • Controlar el componente vascular

Esta es la hoja de ruta del tratamiento de la rosácea. Y los cinco aspectos deben abordarse de forma simultánea. Si tratamos el problema del ácaro, pero no la producción de grasa, estaremos subiendo unas escaleras mecánicas que bajan. Y si obviamos el problema de la función barrera, seguiremos atrapadas en el círculo vicioso de la rosácea. La inflamación no podrá mejorar y tampoco lo hará la dilatación de los vasos.

caso extremo de rosácea
Caso Extremo de Rosácea

 

Tras esta disección de la enfermedad, esperamos que veas tan claro como nosotras que existe la opción de un tratamiento eficaz y que este debe enfocarse a tratar las principales dianas terapéuticas.

Obviamente cabe la posibilidad de que en momentos puntuales, se produzcan brotes. Muchas veces estos vienen precedidos de un pico de estrés o de cambios en el estilo de vida. Ser conscientes del componente psicosomático de la enfermedad nos ayudará a prevenir posibles recaídas y a identificar las primeras señales de alarma.

Sin embargo, si mantenemos bajo control la grasa, el demodex y la función barrera (todo ello más que posible) el riesgo de rebrote se reduce considerablemente y las opciones de vivir sin que la rosácea gobierne tu vida se elevan a la enésima potencia.

Trata tu rosácea cuanto antes

Requerirá de conciencia, conocimiento, constancia e ilusión. Por favor, no olvidemos la ilusión, porque es un motor poderosísimo y porque eso es precisamente lo que muchas de nuestras pacientes dicen haber perdido. Recuperemos las ganas y la firme voluntad. Rompamos con el estigma de la rosácea. Puede que no vaya a ser fácil, pero aquí estamos nosotras, para tenderte la mano y acompañarte en el proceso. ¿Empezamos?

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