Empecemos con la piel seca
La piel seca sí es una condición de la piel. Vamos que se nace con ella. Presenta descamación en la epidermis, agrietamiento, fisuras y una textura áspera y rugosa. Es una piel susceptible a la aparición de eccemas y que, a menudo, es menos elástica y consistente. Este tipo de pieles son la consecuencia del debilitamiento de la barrera lipídica, encargada de protegernos frente a los patógenos y de evitar que se produzca la perdida transepidérmica de agua. Pero ¿¡Por qué se produce este fenómeno!? Pues por una merma en las proteínas y lípidos que dan cohesión a la estructura cutánea. Para explicarlo, históricamente se ha recurrido al símil del muro de ladrillos, en el que estas proteínas y lípidos representan el cemento que da sustento a los corneocitos (células mayoritarias de las que se compone la epidermis). En las pieles secas, a este entorno extracelular le falta consistencia. Digamos que el cemento que une estos corneocitos no es lo suficientemente compacto y por eso, se produce un desequilibrio en la función barrera de la piel. Esto explica que la piel seca, en muchas ocasiones, sea el preludio de la atopia cutánea. Debemos diferenciar la piel seca de la deshidratada. Es importante entender que la deshidratación, la sensibilidad y la reactividad no son condiciones de la piel, sino estados alterados de la misma. La piel puede tener ciertos condicionantes de base y adquirir otros. La deshidratación es algo adquirido, y por lo tanto, algo que se puede tratar y revertir. La piel seca debe considerarse, por tanto, una condición crónica. Su origen suele estar en una disfunción de carácter genético. La dermatitis atópica es la manifestación más popularmente conocida asociada a la piel seca. Y no es casual que esta enfermedad inflamatoria de la piel aparezca habitualmente durante la primera infancia. Este dato refuerza la idea de este componente congénito de la piel seca.
Algo a tener en cuenta, es que la piel seca funciona como si de un boomerang se tratara. La piel seca aparece con frecuencia en los niños, decae durante la adolescencia, momento en el que se activan las glándulas sebáceas, y hace su reaparición estelar en la madurez. Esto ocurre porque con los años, tanto las glándulas sebáceas, como las sudoríparas van perdiendo funcionalidad. A esto podemos sumarle el afinamiento de la dermis inherente al paso del tiempo y el engrosamiento de la capa córnea por el efecto del daño solar acumulado. Es decir, un desbarajuste de cuidado, que al final llama de nuevo a la sequedad. Por eso, la prevalencia de xerosis o piel seca aumenta fisiológicamente con la edad.
En la otra cara de la moneda, la piel grasa
Como he dicho antes, la activación de las glándulas sebáceas, responsables de producir el sebo de nuestra piel, se da en la pubertad. Concretamente entre los 10 y los 12 años. Una vez más, son las hormonas las responsables del asunto. Y es que, durante la adolescencia, los niveles de andrógenos suben como la espuma y lo hacen sin distinción de sexo. Al influir sobre las glándulas sebáceas, estas aumentan su actividad y producen más sebo. Y también, se puede decir que la piel grasa influye en . Por tanto, lo fundamental es entender que la piel grasa aparece a partir de un determinado momento y que, en mayor o menor medida, afecta a la gran mayoría de la población. Podría decir, sin riesgo alguno a equivocarme, que el 90% de las mujeres tienen la piel grasa. En los hombres, este porcentaje es aún mayor, dado que sus niveles de andrógenos son de forma basal, superiores.
Y para rematar, hablemos de la piel normal
Por último, tenemos la piel normal, que es la piel que no es ni seca, ni grasa. Y ¿En qué porcentaje se da este tipo de piel? Pues rara vez, la verdad. Es el tipo de piel más codiciado, pero también el menos frecuente. Como idea está genial, pero en la práctica, en la población general, tiene poca presencia. Como ves, los tipos de piel se reducen a tres, pero no siempre muestran su verdadera cara. Y como te he explicado esto puede ocurrir por diversas razones. Por eso, antes de elegir tu rutina cosmética, debes identificar a qué grupo pertenece tu piel y cuáles son sus verdaderas necesidades. De lo contrario, puedes estar alimentando sin querer, un desequilibrio cutáneo que terminará por volverte loca. Gastar dinero en cremas sin antes haber acudido al dermatólogo, es absurdo. Parte de un diagnóstico profesional, para ahorrarte disgustos y dinero. Esta es la mejor inversión en salud y belleza de piel que puedes hacer. En Eguren, Clínica Dermatológica en Madrid, te ayudamos a tratar cualquier problema relacionado con tu piel.
¿Cuántos tipos de piel existen realmente?
Solo existen tres tipos de piel reales: la grasa, la normal y la seca. Conceptos populares como “piel sensible” o “piel mixta” no son tipos de piel, sino estados o alteraciones transitorias de la misma.
¿Es lo mismo tener la piel seca que la piel deshidratada?
No. La piel seca es una condición genética y crónica. En cambio, la deshidratación es un estado adquirido, temporal y reversible que puede afectar a cualquier tipo de piel (incluida la grasa) cuando las células pierden la capacidad de retener el agua.
¿Cuándo aparece la piel grasa y qué tan común es?
Aparece en la pubertad (entre los 10 y 12 años) debido al aumento de los niveles de andrógenos (hormonas), tanto en hombres como en mujeres. Es el tipo de piel más común: afecta aproximadamente al 90% de las mujeres y a un porcentaje aún mayor en los hombres.
Si la "piel mixta" no existe, ¿qué es lo que realmente le pasa a ese tipo de pieles?
Lo que comercialmente se llama “piel mixta” es en realidad una piel grasa que se ha deshidratado por zonas. Las zonas que se sienten “secas” son simplemente aquellas que tienen un menor número de glándulas sebáceas de forma natural.
¿Qué es la piel normal y qué tan frecuente es?
La piel normal es aquella que logra un equilibrio perfecto (ni muy seca, ni muy grasa). Aunque es la más deseada, en la práctica y en la población general es el tipo de piel menos frecuente y rara vez se encuentra.